domingo, 1 de febrero de 2026

Y LOS NO CONTACTADOS

 

Ttodo el mundo quiere estar conectado. Para eso existen los móviles y lo que viene. El GPS (Sistema de Posicionamiento Global) se coloca en el teléfono o te lo meten. A veces es por la ilusión de estar en la pomada, o para que te rescaten de un alud. Cosas que dan poder y confianza, se supone. Pero aunque sea de forma modesta si uno no está conectado es como si no estuviera ya en esta prórroga del mundo. Pues bien, con todo y eso sigue habiendo pequeños grupos de indígenas que no quieren ser contactados. Ni ahora ni nunca. Según unas cifras de Survival International quedarían 196 de esos pueblos aún en aislamiento en todo el mundo. Suman unos pocos millares de personas. Y al mismo tiempo son nuestra última riqueza humana, gente en libertad, ese viejo pájaro que ya no vuela más que en seños. Por supuesto los no contactados pagan un alto precio por ello. Cada día que pasa son menos. Se acercan ya las motosierras y nuestros virus de regalo. Son, por ejemplo, los indios mashco piros del Perú, o los awá de Brasil. O los korowai de la parte indonesia de Papúa, o los sentineleses de las islas Andamán de la India. Ellos y otros pocos ya saben que existen los demás. Y hasta han tenido que escapar cada vez más al interior del bosque para no ser apresados, si no eliminados. Algunos dirán que no es eso, que a los aislados se les acogería en nuestro paraíso moderno con todas las bendiciones y garantías. Pero ellos no son tontos. Y precisamente por eso escapan del contacto y se esconden cuanto pueden. ¿Por qué no les atraerá entrar en nuestro edén moderno? Sólo les vamos a quitar su libertad, su dignidad, su lengua, sus materias primas, su territorio, pero les vamos a dar camisetas y aspirinas.  Que pierdan su cultura, su forma de ser, no es como para tirar cohetes, y menos atómicos, pero es todo por su bien. Se están perdiendo esas cosas tan nuestras como los perritos calientes, esos que algún día no fueron de plástico si no de algún animal.

 ww7w.luispancorbo.com

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2 comentarios:

PF dijo...

Buenas tardes:

Ensimismados en nuestras pantallas, ese parece ser nuestro nuevo edén, inmersos en unas cuantas pulgadas mientras il mondo gira, nello spazio senza fine. Mientras convertimos nuestros hogares, en modernas cárceles sin barrotes, gracias al internet de las cosas (termostatos, relojes inteligentes, cámaras de seguridad conectadas, neveras...) que en lugar de IoT nos convierte en “idiots”. Pocos ermitaños quedan como en antaño sucedió en la Guía (Llanes) con el tio Millán, inmortalizado en el siglo XIX en retratos populares, o ya actualmente el caso de Ken Smith en Loch Treig, aunque la multitud de noticias y videos, hace recelar de este ya anacoreta digitalizado.

Releyendo a Borges, siempre bueno al inicio de un nuevo año, destaco este fragmento de su cuento” Utopía de un hombre que está cansado”:

(...) “Pero no hablamos de hechos. Ya a nadie le importan los hechos. Son meros puntos de partida para la invención y el razonamiento. En las escuelas nos enseñan la duda y el arte del olvido. Ante todo, el olvido de lo personal y local. Vivimos en el tiempo, que es sucesivo, pero tratamos de vivir sub specie aeternitatis. Del pasado nos quedan algunos nombres, que el lenguaje tiende a olvidar. Eludimos las inútiles precisiones. No hay cronología ni historia. No hay tampoco estadísticas. Me has dicho que te llamas Eudoro; yo no puedo decirte cómo me llamo, porque me dicen alguien. (...).

“- ¡Ah, eso lo explica todo! -dijo el Sombrerero-. El Tiempo no tolera que le den palmadas. En cambio, si estuvieras en buenas relaciones con él, haría todo lo que tú quisieras con el reloj”. En esta merienda de locos que nos toca vivir, puede que éste sea un prudente consejo de Carroll para seguir.

Un saludo.
Patricia

B Fernandez dijo...

A veces la supuesta conexión con ordenadores, teléfonos, relojes inteligentes – o no tanto- y demás cacharritos puede implicar desconexión. Necesitamos aparatos y 5G para saber si es posible que mañana llueva. ¿Lo utilizan los mashco, korowai, …? ¿Su mundo es mucho menos rico que el nuestro? ¿Somos conscientes de las cosas más elementales que sucede en nuestro entorno inmediato? Las respuestas parecen obvias, no se trata de avances médicos y científicos que son incuestionables en nuestra cultura, sino en un sustrato diferente, ese sustrato que Lévi-Strauss supo desarrollar de manera brillante. Y a pesar de eso una civilización condena a otras a pasar de ser indígenas a indigentes, e incluso dentro de esa misma civilización se crea a sus propios indigentes, a sus propios burakumin. Esos de entre nosotros que no quieren depender de la tecnología, por ejemplo, porque son mayores y no tienen ganas de experimentar con maquinitas o sencillamente por cualquier otro motivo también se pueden convertir en indigentes o parias.

Pero como nos recuerda Foucault: «… Por todas partes en donde existe poder, el poder se ejerce. Nadie, hablando con propiedad, es el titular de él; y, sin embargo, se ejerce siempre en una determinada dirección, con los unos de una parte y los otros de otra; no se sabe quién lo tiene exactamente; pero se sabe quién no lo tiene…»

Tal vez una reflexión sobre el papel de la antropología de Lévi-Strauss pueda hacernos vislumbrar algunos caminos: «… Ahí está sin duda la función permanente de la antropología. Porque si hay, como siempre se ha afirmado, un determinado “grado óptimo de diversidad” que la antropología considera una condición permanente del desarrollo de la humanidad, podremos tener la seguridad de que las variaciones existentes entre las sociedades y los grupos no se borrarán nunca, sino que se reconstruirán en otros planos… lo que siempre ha caracterizado a la antropología desde su nacimiento es que, gracias a su labor de interpretación, reintegra en la humanidad y la racionalidad las conductas de seres humanos que parecen inadmisibles e incomprensibles a otros seres humanos… »

Esperemos que esa reconstrucción continúe sin cesar, porque en la diversidad nos jugamos mucho.

Un saludo,
Benito Fernández