Con el
verano declinando algo no es contraproducente recordar el cuento de Aladino
y la lámpara maravillosa. Contar con los sueños siempre es un alivio. Realmente
Aladino vivía en China. Mientras que el derviche hechicero que le quiere quitar
la lámpara era del Magreb, el Extremo Poniente del mundo respecto al viejo Extremo
Oriente. El cuento de Aladino sigue teniendo varias lecturas. ¿De qué
nacionalidad era el genio (djiin) que sale de la lámpara y realiza todos
los deseos? Más que saber eso importa que la lámpara de aceite igual tenía una
inscripción. Y se ha especulado con que podía tratarse de un Sello de Salomón. Hubo
eruditos que coligieron que ese Sello salomónico era el punto donde había que
frotar la lámpara para que saliera el genio y concediera todo. Hoy, cuando arde
bastante el mundo, y el petróleo, y hasta se derriten los glaciares, no estaría
mal encontrar una lámpara de Aladino para arreglar las cosas. No tanto para pedir
palacios, sino chabolas, pero un poco decentes para tanta población como hay en
el mundo. Y maravilla sería arreglar en nuestros pagos las sucesivas crisis
geopolíticas, climáticas y demás. La cuestión es que las crisis van más deprisa
que la inteligencia y capacidad humanas. Y la IA se resiste a salir gratis de
la lámpara.
martes, 1 de septiembre de 2026
UN MES DE ALADINO
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4 comentarios:
No podemos volar con nuestras alfombras sobre las crisis, más bien nos hundimos en ellas. Pero en las crisis y ante las crisis, no hay hombre, hay hombres como diría Octavio Paz.
Tal vez la referencia a Gómez Pereira cuando nos muestra a los animales como máquinas pueda servirnos. Si los hombres no tienen en su época, ahora parece que en algunos casos tampoco, respecto a los animales: les pegan sin el menor reparo, … Al hacer esto, ¿no están demostrando que no creen que estos animales sientan? Si lo creyeran, su comportamiento sería atroz, cruel, inhumano. Ahora bien: ¿cómo es posible dejar de ver en este argumento, orientado a justificar el trato ordinario, pero cruel, de los hombres respecto de los animales, un argumento paralelo de justificación del trato de los hombres respecto de otros hombres tenidos por inferiores y muy próximos a los brutos, a quienes tenían que hacer trabajar mediante el látigo o el tormento, como podrían serlo los negros africanos que se vendían como esclavos en la feria de Carmona.
Las historias como se suele decir no se repiten, pero riman. Además, algunos al contrario de lo que escribía Machado, no quieren vivir ni partir ligeros de equipaje. Rubén Dario lo expresaba de otra manera:
Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
¡Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por
lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos
y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...
En fin, crisis del 98, regeneracionismo, los desastres del siglo XX, … Al final, ¿nos comeremos los billetes, el petróleo, los glaciares, …?
Un saludo,
Benito Fernández
Buenas tardes:
Queda un trecho para Navidad, pero puede que no estuviera mal ir desempolvando nuestro árbol de los deseos, aunque pensándolo bien, para poco a servido en otros lugares adelantar la cita navideña, sólo para que Papá Noel les haya caído por la chimenea en forma de desastres políticos y naturales, ni tan siquiera han podido ver la lámpara venir en su alfombra mágica, popularizada en nuestra “moderna cultura” por los dibujos animados. En fin, puede que caminemos sin poder mirar atrás, a la realidad virtual o aumentada, que no sabe donde acaba una y empieza la otra.
Tantos males nos azotan, que no estaría mal diluirlos en agua o pasar el agua, tradición siempre oída, para que por supuesto, no faltaban especialistas. Este “sanador” tomaba una taza con agua y un cuerno, que podía ser incluso de alicomio (unicornio), y se santiguaba tres veces y tras una serie de ritos, el aire contenido entre los poros del cuerno sale a la superficie en forma de burbujas, y ahí aparece el mal de ojo del enfermo. Se dice que se rezaban tres credos, se echaba un poco de agua al fuego para que queme la agüeyadura, y se daban siete sorbos al enfermo, guardando otros diez para cuando convenga, y fin de la pesadilla. ¡Qué fácil sería poder arreglar el mundo en sorbitos!
Carrol, nos enseñó como cambia nuestra identidad… “no se pueda volver al ayer, porque ya soy una persona diferente” ... “se quién era al levantarme esta mañana, pero creo que he cambiado varias veces desde entonces”.
No sé si a este mundo se le concederá algún deseo, tres pueden que sean pocos para tanta crisis, pero al menos queda la esperanza de reparar tanta inestabilidad.
Un saludo.
Patricia
Me haces recordar, Benito, y te lo agradezco la entrevista que me concedió Octavio Paz en su casa de Méxio D. F. Paz vivía en un amplio piso lleno de recuerdos de su etapa como embajador de su país en la India (sobre la que escribió su genial “Vislumbres…”). Todo en Paz se hilaba en un nivel portentoso, como si cada tema fuera un descubrimiento. Por eso siempre es de evocar la admiración que Paz sintió por el filósofo y antropólogo francés Léxi-Strauss a mediados del siglo XX, y de ahí su libro que nos guía desde el principio: “Claude Lévi-Straus,o el nuevo festín de Esopo”. Pero la admiración entre ellos fue mutua. Y Léxi-Straus valoraba lmucho os acercamientos tan originales que alcanzaba Paz sobre el estructuralismo y al budismo. Y en general sobre los lenguajes tan sofisticados que guardan muchas culturas, y estructuras, nada salvajes, por cierto. Ambos, a su modo, encontraron donde la razón volvía a girar. Y para Paz es sabido que el nivel de pensamiento de Lévi-Strauss le parecía que no andaba lejos del de Marx o Freud, tal su importancia y potencia. Qué buenos recuerdos.
Un abrazo
L.
La agüeyadura, los tres sorbos mágicos, el polvo de cuerno de uynicornio... El más sensatoo es siempre Carroll de Alicia. No somos siempre la misma persona, ni la de ayer ni la de mañana. Pero eso no quita para que nps dejemps achantar por quirenes se aprovechan de la inceretiduymbre reinante. Aguas revueltas, ganancia de pescadoeres. Y muchos muerden el anzuelo. Pero la templada razón tampoco muere. No está de moda, lo sé. De moda está la guerra, sin ir más lejos. Y tantas miserias que aquejan al viejo y caliente planeta que vivimos. El verano español, además, no es el único en ser de fuego.
Un abrazo
L.
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