domingo, 17 de diciembre de 2017

TIEMPO DE SIMULACIÓN

Ahora que viene el tiempo gozoso de las compras navideñas junto a las elecciones catalanas parece  casi cierta la teoría de la simulación. Es algo que ha puesto de moda Kent Forbes con sus documentales en los que arremete con una atractiva envoltura fílmica, y cierta mala idea, contra el materialismo.  No ahorra el dar golpes contra el culto del materialismo y hasta invoca a Einstein y a Niels Bohr para esa navegación. Ya puestos, Kent Forbes vuelve a proponer  la vieja idea de que la realidad igual no es tan real, y que la simulación puede apoderarse de la misma hasta ser eso mismo y no otra cosa.  O sea,vuelve Platón y el mundo ideal, preparen las billeteras para ese trayecto de vuelta.
 Respecto a las compras navideñas, exhaustos tras el Black Friday y las rebajas de verano y las de los pasados Reyes, nada que objetar: si uno no compra no existe.  Respecto a las elecciones catalanas es distinto, más que un triunfo, o un arreglo sustancial de algo, son un fracaso colectivo. El de tener que dirimir el estar juntos con una papeleta. Ahí sí que se ve una simulación sustitutiva. Un mundo pixelado  Total, para tener que volver a hablar y hasta que duela el hueso de la lengua.

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6 comentarios:

Patricia Fernandez dijo...

Buenas tardes,

Más que nunca en estos días pasamos de la redistribución, es decir, dar a los menos tienen, en términos materiales, lo que nos sobra desde esos pasados Reyes hasta lo comprado en el Black Friday…mientras, esperamos a que el nuevo año, en un acto de reciprocidad nos traiga aquello que volverá a sobrarnos dentro de un año, en fin, época de representación y en muchos casos de excesos, aunque ya se sabe que quién ande de alpargatas blancas por Navidad, no hay que preguntarle cómo le va….nos queda al menos el alivio de saber reconocer la parte superflua y efímera de este mundo…aunque existamos un poco menos.

Si, el fracaso se pretenda parchear mediante normas o reglas en este país de las maravillas, la insuficiencia de las leyes ya fue narrada mediante la siguiente fábula por Campoamor, que si bien larga para un comentario, su ironía hace necesario leerla completa:

Tuvo un reino una vez tantos beodos,
que se puede decir que lo eran todos,
en el cual por ley justa se previno:
«- Ninguno, cate el vino.»-
Con júbilo el más, loco
aplaudiose la ley, por costar poco:
acatarla después, ya es otro paso;
pero en fin, es el caso
que la dieron un sesgo muy distinto,
creyendo que vedaba sólo el tinto,
y del modo más franco
se achisparon después con vino blanco.

Extrañando que el pueblo no la entienda,
el Senado a la ley pone una enmienda,
y a aquello de: «Ninguno cate el vino»,
añadió «blanco», al parecer, con tino.
Respetando la enmienda el populacho,
volvió con vino tinto a estar borracho,
creyendo por instinto ¡más qué instinto!
que el privado en tal caso no era el tinto.

Corrido ya el Senado,
en la segunda enmienda, de contado
«- Ninguno cate el vino,
sea blanco, sea tinto», -les previno;
y el pueblo, por salir del nuevo atranco,
con vino tinto entonces mezcló el blanco;
hallando otra evasión de esta manera,
pues ni blanco ni tinto entonces era.

Tercera vez burlado,
«- No es eso, no señor», dijo el 'Senado;
«o el pueblo es muy zoquete, o muy ladino:
se prohibe mezclar vino con vino».-
Mas ¡cuánto un pueblo rebelado fragua!
¿Creeréis que luego lo mezcló con agua?

Dejando entonces el Senado el puesto,
de este modo al cesar dio un manifiesto:
«La ley es red, en la que siempre se halla
descompuesta una malla,
por donde el ruin que en su razón no fía,
se evade suspicaz...» ¡Qué bien decía!
Y en lo demás colijo
que debiera decir, si no lo dijo:
«Jamás la ley enfrena
al que a su infamia su malicia iguala:
si se ha de obedecer, la mala es buena;
más si se ha de eludir, la buena es mala».

Por cierto, esta narración fue titulada por su autor el “Reino de los beodos”, poco más hay que decir, sólo que la entrada del nuevo año no nos coja demasiado “borrachos” de vino, cava, sidra o café con pimienta, que cada uno elija lo que prefiera.

Felices Fiestas y a por el 18,
Patricia

Fernandez dijo...

Como nos señaló Otis D. Duncan: “…El medio no solo actúa sobre la población humana, sino que también la población actúa sobre el medio…” tal vez Duncan con este tipo de reflexiones tratara de deshacer, en cierta medida, las visiones unilineales sobre nuestras relaciones materiales. Al menos parece insuflar un poco de esperanza sobre los grandes desafíos medioambientales en los que estamos envueltos, pensando que existe algún margen de actuación todavía.

Por otra parte, Duncan también afirmaba que no podía haber orden social sin la mistificación del simbolismo, si le hacemos caso, y suponiendo que vivimos en cierto orden. ¿Es el consumir uno de nuestros nuevos mitos? Si no consumimos nos convertimos en burakumines. No podemos perder de vista, la visión temporal del mito, señalada por Lévi-Strauss. El mito se refiere a situaciones pasadas. El valor atribuido al mito proviene de que estas situaciones, que forman también una estructura, no tienen limitación de tiempo. Se refieren al pasado, pero influyen en el presente y el futuro.

En definitiva, parece que un cambio de forma simbólica, no implica un cambio de función simbólica. Da la impresión que la vieja pulsión entre los extremos materialista y simbólico está más viva que nunca.

Saludos y Felices Fiestas
Benito

Luis Pancorbo dijo...

Felicidades, Patricia, y gracias por ese divertido y sutil Campoamor. La ley y el vino, esto viene al pelo en estas fechas. Últimamente es casi lo que más se prodiga en el discurso del país: todo con la ley, nada fuera de la ley. Así de fácil. La ley de la granja del señor Jones llevó al desastre pero era muy humana aunque fuera la ley de los animales. Cuando éstos llegaron al poder se torció todo. Los dos patas recobraron el dominio y la revolución de los cuatro patas se quedó primero en manzanas para los líderes. Y luego en el más amargo desconcierto, cuando retorna la injusticia y encima gana.
Si toda la población planetaria consumiera al mismo nivel que los Estados Unidos agua, comida, energía, materias primas, se necesitarían otros dos planetas más para sostenerlo. Supongo que es así, no lo puedo medir con mi viejo cartabón como hace Kent Forbes en su documental.
Pero no hay tanto problema, si un día nos quitan o no nos dejan beber vino, ni blanco ni tinto ni de otro color, siempre nos quedará la noble sidra. Y el orbayu.
Feliz año,y abrazos
L.

Luis Pancorbo dijo...

Estoy de acuerdo contigo, Benito, en que esa pulsión entre el simbolismo y el materialismo, lejos de extinguirse. o palidecer, se está acentuando. Por eso me llama la atención esa nueva moda de documentales estadounidenses, al estilo de los de Kent Forbes, que tratan por todos los medios de elogiar el mundo del idealismo, y además proponerlo como receta para denostar al mísero y pobre materialismo. La materia les parece poca cosa a algunos. Es curioso que estos nuevos adalides del idealismo, y por supuesto de las ideas puras y platónicas, y de las esferas perfectas, y de las sombras que en la caverna ya eran más reales que la realidad, se basen en un nuevo discurso académico, y fílmico, que cita incluso como patrones a los grandes científicos del siglo XX. Se abusa hasta de la talla científica de Einstein, Bohr, Erwin Schördinger, para que se crea que la conciencia debe sobrevivir a la muerte.Cómo no, si aún está por saberse.Y claro, ya puestos, la materia no es la base constitutiva de la realidad.
Pero siendo verdad, y tu lo pones de manifiesto, que el simbolismo, y por supuesto la mitología, es algo, y es real, y no es sólo relativo al pasado, parece que cada vez cuesta más admitir que no todo lo material ha de ser como el titanio para ser real.
¿No son de piedra las columnas de Hércules aunque se hayan quedado en rayas del dólar?
Muchas felicidades, Benito, y un abrazo
L.

juan de la cruz471 dijo...

No solo ando con el paso poco atento a tu publicación, Luis, sino que soy un español antiguo de los que no entienden el inglés, aunque prometo buscar en You tube los documentales de ese señor con apellido de revista para ricos. No sé si el mayor es ahora el señor Amazón rey de las ventas por correo. Todo cambia, pienso que tú, Luis, habrás encontrado en casi todos los confines del mundo un cartel de plástico con la palabra Kodak, supongo que mucho de lo que te hemos visto ha sido gracias a esos celuloides químicos, que ahora está desaparecidos de la revista Forbes inversamente proporcional a la aparición del Sr Amazón. Lo de Cataluña se soterró con el juicio a "la Manada" y puede que si saliera una sentencia absolutoria sirviera para soterrar los resultados de pasado mañana.
¡Felices reencuentros familiares y mucha prudencia con esas peligrosas bandejas repletas que dejan las madres sobre las mesas!. La realidad más real es que la báscula a primeros de año siempre marca dos kilos de más. Un materialismo del que no podemos escapar. ¡Que seáis capaces de mediocumplir todos los buenos propósitos del año nuevo!. Abrazos.

Luis Pancorbo dijo...

Es verdad, Juan, los documentales de Kent Forbes están en inglés, no he visto aún subtítulos, pero ya los pondrán porque tanto "La hipótesis de la simulación" como el del materialsimo piden guerra global. Es decir, más Platón y menos o nada de Demócrito.
Este neo planteamiento de la realidad ilusoria llega a sostener que ni siquiera es material una partícula subatómica. Entonces si la existencia material hasta de los átomos es virtual también deben serlo las explosiones de las bombas nucleares. En Collective Evolution (6.12.17) escriben que Fukushima tiene peores efectos radiactivos (sieverts y demás) que los de Chernobil.
El año acaba y empieza el solsticio, eso que tenemos cierto.Y que no nos vendan que somos sombras en la caverna porque la caverna, al menos en España, ya sabemos en qué sable, bota, cruz y moneda, basa su realismo.
Si fuésemos indios de la India tendríamos más a mano la maya, la ilusión del mundo. De ahí viene todo ese intento de liberarse de la maya, y liberarse uno mismo.
Como no somos indios aquí el cortijo nacional-católico y sus nuevas adherencias sigue siendo de un realismo aplastante.
El abad del Valle de los Caídos ha dejado caer nada menos que los presos políticos que lo construyeron lo hicieron voluntariamente. Eso es algo completamente orwelliano. Coge la verdad, le retuerces el cuello y a por el poder y el jugo económico que destila. El chiringuito no se toca. Ni la caverna. Y ahí se anda aún, cogidos a los huesos y a las piedras de España.
Y luego dicen algunos que no existe el materialismo.

Feliz año y un abrazo
L.