miércoles, 1 de abril de 2026

Y LLOVIÓ LA GUERRA

  Acabo de volver de Siria y Jordania, países ambos cerca de la guerra, aunque no bajo las bombas. Esperando que así sigan, y que vuelva la cordura, me he acordado del maestro Nasrudin Hodja, aquel viejo sufí que decía: “Después de todo, el límite de llenar es el de reventar”. ¿Qué es una guerra, grande o chica, sino un negocio para los que la impulsan? Si no fuera un negocio los que tienen los botones no estarían tan interesados realmente en poner en peligro algo de su business, y quizá su familia, su tranquilidad, etc… Pero el que decide hacer o no hacer guerras, y menos del calado de la actual, no tiene otro límite que el de llenar, olvidándose que así también él, o ellos, pueden explotar como la rana del clásico cuento. En fin, reflexiones de entretiempo, es decir, de un mes que está a caballo entre el llover y el no llover de abril, y entre el titubeante desorden y el nuevo orden inextricable que nos espera. Algunos se supone que ya saben el desenlace de estos dispendios de explosivos que llueven en Oriente Medio, pero los demás seguimos dudando de si ahora será suficiente sacar el paraguas o quedarse en casa.

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4 comentarios:

B Fernandez dijo...

Medio mundo se encamina hacia el verano y otro medio se acerca al invierno, lo que parece no tener termino medio es la utilización de lo mejor, mejor podríamos decir de lo peor, para atizar al otro. Si la Gran Guerra inauguró de alguna manera la guerra industrial y las cifras del desastre hablan por sí solas, ahora parece que estamos en la guerra de los chips y la IA y parece que las cifras no mejoran. De alguna manera Sánchez Ferlosio lo explico a su manera: «… toda explicación del acontecer histórico que no tenga por eje el furor de la dominación, la arrebatadora, delirante y hasta “posesa” pasión por la victoria, jamás podría dar razón de la perdurable y cruenta sinrazón perpetrada contra los “bienes” de la vida por los “valores” de la historia, y es una muestra ejemplar del pecado de cobardía intelectual de la “buena voluntad” que rige toda racionalización, como un wishfull thinking que no quiere mirar cara a cara, por decirlo con Don Quijote, “la razón de la sinrazón”, que en este caso no es otra que el papel de la guerra como creadora de valor…»

Abner Cohen en su Mística del poder ya señalaba algunos caminos: «… En las sociedades estratificadas, los grupos de poder tratan de validar y sostener su estatus como élite proclamando que poseen unas cualidades raras y exclusivas que son esenciales para la sociedad en general… En cambio, en sistemas formalmente más liberales e igualitario, las citadas cualidades tienden a definirse en términos vagos y ambiguas, y se objetivan en símbolos misteriosos, no utilitarios, y en actuaciones dramáticas que constituyen lo que se supone una mística de la excelencia…». En todo caso, el dolor y el sufrimiento de las guerras, sobrepasa estas reflexiones, o como dice Ferlosio crea la razón de la sinrazón.

Aunque las razones ferlosianas para el pesimismo representan una pesada losa. Esperemos que esto solo sea un mal sueño al estilo de los aborígenes australianos y que todo se reconduzca en un tiempo próximo.

Un saludo,
Benito Fernández

Luis Pancorbo dijo...

Bien lo dices, Benito, y con el requiebro de Ferlosio: la guerra como generadora de valor, si no de valores. Y hay que tragarse esa idea de los dueños del mundo, y de las bombas, tipos que hasta buscan excusas (y no siempre las dan) cuando sus ingenios se desvían y producen los llamados daños colaterales. Por eso es luminoso, como siempre, el Cervantes que también nos traes con Ferlosio, y que acuñó lo de "la razón de la sinrazón". El mango de la sartén que lo fríe todo. ¿Por qué? Porque los santos señores de la guerra, sea cual sea su bando, tienen que exhubir un cierto grado de conciencia, al menos cuando no les sale bien la puntería. Si dan bien en el blanco, a brindar. Gracias por tus comentarios, Benito, en este tiempo oscuro.
Un abrazo
L.

PF dijo...

Buenas tardes:

En “El hombre en busca de sentido”, Viktor Frankl, nos habla del destino, y nos deja esta reflexión:

La actitud con la que un hombre acepta su destino y el sufrimiento que este conlleva, la forma en que carga con su cruz, comporta la singular coyuntura —incluso en circunstancias muy adversas— de dotar de sentido profundo a su vida. Puede conservar su valor, su dignidad, su generosidad o, arrastrado en la amarga lucha por la supervivencia, puede olvidar su dignidad humana y actuar como un animal, como sucede con los prisioneros de los campos. En esa decisión reside la oportunidad de atesorar o despreciar los valores morales que su dolorosa situación y su duro destino le brindan para su enriquecimiento interior. Y eso determina si será o no digno de sus sufrimientos.

Y esa resiliencia, palabra que se ha puesto de moda, es lo que hace al hombre vivir y sobrevivir, reforzarse y rearmarse, si se permite esta expresión, en esa búsqueda de “si tenemos nuestro propio porqué en la vida, podemos soportar casi cualquier cómo”.

Nos queda vivir el instante, ese momento que Borges, nos narró magistralmente como:
¿Dónde estarán los siglos, dónde el sueño
de espadas que los tártaros soñaron,
dónde los fuertes muros que allanaron,
dónde el Árbol de Adán y el otro Leño?
El presente está solo. La memoria
erige el tiempo. Sucesión y engaño
es la rutina del reloj. El año
no es menos vano que la vana historia. (...)

La Reina Roja interrumpió a Alicia: -¡Eso es precisamente de lo que me estoy quejando! ¡Debiste haberle dado algún sentido! ¿De que sirve una criatura que no tiene sentido? Si hasta los chistes tienen su sentido.

Sólo cabe esperar que en este abril el entendimiento, la cordura y el sentido vuelva a este mundo.

Un saludo.
Patricia

Luis Pancorbo dijo...

Gracias, Patricia, por traernos esas punzantes reflexiones, empezando por la dse Viktor Frankl que se adentra nada menos que en la acetación del destino. Y el valor que eso tiene. Los árabes en su cultura y su vocabulario tienen la palabra maktub: es decir, estaba escrito. Y entoncers no se hable más. No es sólo un tema de aceptación religiosa. Albert Camus, nacido en Argelia de famlia emigrante española, y gran escritor, fue hasta Nobel de Literatura, y no sólo por su gran e implacable francés. Sabía en sus obras cómo las vidas de tales o cuales se tiñen de maktub. Y Camis no era precisamente pío de ninguna religión. No controlamos el mundo, y ni siquiera lo podá hacer Allicia. En "A través del espejo" el revisor de un tren lleno de criaturas imposibles le reprocha a la niña viajar sin billete. Eso no puede ser, y hasta en la fantasía profunda hay que comprar billete. Pero Alicia se dediende a su manera, no replica, piensa: " Tanto mejor no decir nada. El idioma pide mil libras por palabra".
Y qué decir , Patricia, de lo que nos trees de Borges y de su mundo ciego y redondo.
Un abrazo
L.