Se diría que
nuestro tiempo es más de involución. Al menos involucionamos con las dos
guerras abiertas en el planeta. Y con ese irrefrenable deseo de emigrar y mejorar
que tiene buena parte del mundo sumido hace siglos en las diversas escalas de
la pobreza y la desigualdad. ¿Cómo osan molestarnos? ¿No ven, como Elon Musk, y
algún que otro líder mundial, que vamos hacia las estrellas?
Un
arqueólogo de Cambridge, que trabaja desde hace años en las excavaciones de
Oued Beht, vuelve a poner un punto de esperanza, aunque sea retrocediendo cinco
mil años. En ese rincón del Atlas Medio marroquí florecía una sociedad agrícola
y ganadera, cuya existencia nadie preveía. ¿Un vergel en el Neolítico? ¿Y en un
lugar de África tan lejos del Nilo? Lo que aún no se sabe es a quién adoraban
allí y cómo se regían.
4 comentarios:
Cada vez más homogeneidad, cada vez más semejanzas o si lo queremos decir de otra manera cada menos diversidad, aunque la apariencia sea la contraria. ¿Hacia dónde nos conduce eso? ¿Qué pasa si todos adoramos a los becerros creados por Musk y compañía? ¿Cada vez más dogmatismos tecno-económicos?
Ya ha pasado un tiempo desde que Zola retrató a su Saccard en El dinero y estos personajes se han vuelto de lo más reales y habituales: “…Qué prodigios no sería capaz de realizar, empleando en la bondad sus facultades de hombre de negocios, su audacia, su obstinación y su total carencia de prejuicios… Y dispondría de la irresistible fuerza que gana las batallas: el dinero, el dinero a manos llenas, el dinero que tanto daño ocasionaba a veces y que tanto bien podría hacer el día en que tuviese el gusto y el orgullo de repartirlo...”
Sin embargo, todo esto nos puede recordar a viejas manipulaciones y ya escribía Camus en La peste: “¿qué quiere decir la peste? Es la vida y nada más”. También Unamuno lo expresaba a su manera: “La ciencia nos enseña, en efecto, a someter nuestra razón a la verdad y a conocer y juzgar las cosas tal como son, es decir, como ellas mismas eligen ser y no como quisiéramos que fueran.”
Mientras tanto nos toca danzar en este mundo de maravillas.
Un saludo,
Benito Fernández
Buenas tardes:
La verdad que surgen muchas preguntas: ¿A dónde hemos llegado? ¿homo œconomicus? O más bien, ¿homo stupidus? Si pensamos en los binomios: evolución o involución, conectados o incomunicados, inteligencia natural o artificial... ¿existimos o somos ya una invención o representación de nosotros mismo?
Este mundo cada vez más parece un sainete, pero lo dramático, es que somos en muchos casos actores a nuestro pesar, o más bien marionetas a las que nos mueven los hilos, escribía Constantino Cabal en “Cómo se hacían las cosas”:
Luego se leen los periódicos; se hojean los libros; se rumian los sucesos que nos cuentan; se estudian los acontecimientos que se desarrollan a nuestro lado... y en todas estas cosas hay asuntos. Cualquier hecho de la vida corriente en que se descubra una migaja de interés, es un asunto.
Mientras no seamos conscientes por nosotros mismos que lo que nos une es más que lo nos separan, y podamos cortar nuestros hilos, nunca podremos tocar las estrellas. Decía Machado:
"¡Qué difícil es,
cuando todo baja
no bajar también!"
Pues aunque no subamos al firmamento, que no nos quiten transitar por este sendero, y disfrutar, del sonido crujiente, al pisar las hojas caídas en un mes otoñal.
Un saludo,
Patricia Fernández
Es verdad, Benito, danzamos “en este mundo de maravillas” o si no trotamos con el mismo planeta que tenemos bajo loe pies a una gran velocidad. Ni nos enteramos. Y además de rotar vamos navegando en torno al Sol. Eso cuando pulula tanta gente tan berroqueña que se pega a sus poderes, dineros, religiones, etc… y se quedan tan anchos. Habría que decirles lo vanos que son, y tan cambiantes a cada fracción de tiempo, porque no están quietos ni siquiera cando se quieren atornillar a su dorada nada. Pero ya sabes, Benito, que la fatuidad es más pesada que el plomo, y que el poder, o los diversos poderes, están construidos sobre la falacia de que son lo cierto y encima lo más duradero.
Un abrazo
L.
Hasta de la canción Les feuilles mortes (Yves Montand), y de los recuerdos y regrets de la vida, y del bosque que se va apagando en otoño, se puede sacar energía y lección. Y gracias también, Patricia, por recordarnos el aviso, tan actual, de Antonio Machado: no bajar cuando todo baja.
Otra cosa es que el mundo ha cambiado delante de nuestras narices, queriendo hipnotizarnos como un móvil, o un ordenador. De ahí que cada cual tomará sus medidas si no quiere ser capturado (y a lo mejor ejecutado, que esa es otra).
Un abrazo
L.
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