sábado, 1 de agosto de 2026

FUEGOS DE AGOSTO

 

A 451 grados Fahrenheit arde el papel, como contó Ray Bradnury en su devastadora novela. Una que al final tenía tanta ciencia como ficción.  Y una honda lástima por un mundo donde se quemaban los libros. Ahora nuestro mundo marcha más expedito. Pinos enteros, nada de pulpa o pasta, tienen un punto de ignición entre 400 y 570 grados Fahrenheit (o entre 204 y 300 modestos centígrados). Y en España es como se da un gran auto de fe del verano, y se contemplan bosques y pinares ardiendo como cerillas. ¿Para qué quemar libros si se puede ir a la raíz? Así se acaba de un plumazo con la historia y la naturaleza, con el pasado, el presente y el futuro. Pero como nos quedan aún árboles por quemar no hay más que esperar otro verano y llegaremos ya a un buen nivel sahariano. La duda es qué hacer en la espera: ¿reclutamos más bomberos o directamente más pirómanos? ¿No tenemos suficiente con que este mes de agosto nos regale en una misma fecha un eclipse con franja total y por la noche las Lágrimas de San Lorenzo, o Perseidas? ¿Qué más fuegos queremos?

 

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5 comentarios:

B Fernandez dijo...

No sólo a orillas de Duero, como escribía Machado, sino en toda España parece cumplirse aquello de que: «…Sobre los agrios campos caía un sol de fuego…». Aquella forma de vida desaparecida como los dinosaurios parecía evitar estos desastres, pero no debemos demonizar nuestro tiempo, porque puede que nuestros molinos no sean tan satánicos, como algunos puedan pensar. Tenemos conocimiento, técnicas, herramientas y entonces ¿dónde está el problema? Mujica afirmaba: «No es un problema ecológico sino político. Nunca el hombre tuvo tantos recursos, capacidad, ni capital» Y tal vez esta sea una línea de exploración.

Parece que Tocqueville captaba algunas de estas sutilizas: «… Cadenas y verdugos eran los instrumentos groseros que antaño empleaba la tiranía, pero en nuestros días la civilización ha perfeccionado hasta el mismo despotismo que, sin embargo, no parecía tener nada que aprender... Bajo el gobierno absoluto de uno solo, el despotismo, para llegar al alma, golpeaba vigorosamente el cuerpo, pero en las repúblicas no es así como procede la tiranía: deja el cuerpo y va derecha al alma. El amo ya no dice: "Pensad como yo o moriréis". Dice: "Sois libres de no pensar como yo. Vuestra vida, vuestros bienes, todo lo conservaréis, pero a partir de este día sois un extraño entre nosotros. Permaneceréis entre los hombres, pero perderéis vuestros derechos de humanidad...»

Esperemos que el próximo eclipse no resulte un Pachacuti /i> inca y que por el contrario cierta cordura regrese tras la separación de la luna y el sol.

Un saludo,
Benito Fernández

Luis Pancorbo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Luis Pancorbo dijo...

Qué tremendo de exactitud fue Machado. Y bien nos lo recuerdas. Benito:. "Sobre los agrios campos caía un sol de fuego". Es tan exacto mirando tantos páramos y collados nuestros. Pero, Benito, es que ahora el estío devora nuetros más frescos pinares, valles enteros, montes donde habitaba el orgullo aparte de algún halcón. Y como se
trata dse fuegos de sexta generación eso es como si fuesen nuevos coches o dentríficos, algo inextinguible, imperturbable. Hay que esperar a que se apaaguen solos. O sea, nada de molinos satánicos, ni de versos incendiarios de Blake. Más bien, es lo que también nos recuerdas con Pepe Mujica : cosas del hombre de nuestro tiempo, del hombre aún no bien enclavado en otra imagen del mundo que no sea crecer y crecer hacia la nada.
Un abrazo y positivo eclipse.
L.

PF dijo...

Buenas tardes:

Una devastadora sociedad y una devastada naturaleza, y como eje central, el hombre. Una sociedad catalogada por muchos como deshumanizada o distópica, término de moda, y lejos de la sociedad a alcanzar de Tomás Moro en su Utopía. Ya en la época de Moro, para los hombres, la riqueza se levanta como diosa, a base de un mundo de miserables, era esa “serpiente venenosa que se enrosca en el pecho de los hombres impidiéndoles que sigan una feliz travesía”.

Puede que el hombre sea malagradecido como la serpiente, y un buen ejemplo lo podemos leer en este cuento medieval de la tradición oral asturiana, titulado “La serpiente ingrata”:

Alguien que pasaba por un bosque vio una serpiente a la que algunos pastores habían atado a unos palos, y después de soltarla, el caminante la calentó, y la serpiente, una vez caliente, comenzó a enrollarse alrededor de su salvador, hasta que estuvo a punto de ahogarlo.
- ¿Qué haces? -le dijo- ¿Por qué devuelves mal por bien? ¿Te hice un bien y me lo pagas con un mal? La serpiente replicó: - No hago sino lo que corresponde a mi naturaleza.
Llamaron como árbitro a una zorra y le contaron todo lo sucedido. Entonces dijo la zorra: - No puedo juzgar esta causa sólo de oídas, si no veo primero con mis propios ojos lo que ocurrió. Fue atada la serpiente como estaba antes. Ahora, escapa si puedes. Y tú, hombre, no te ocupes en desatar serpientes. ¿No sabes que quien suelta el péndulo lo ve caer sobre él?


Aprovechemos nuestra mirada a través del espejo, y permanezcamos aún en este jardín de las flores vivas, veré mucho mejor cómo es el jardín, se dijo Alicia, si puedo subir a la cumbre de aquella colina; y aquí veo un sendero que conduce derecho allá arriba...; bueno lo que es derecho, desde luego no va...pero supongo que llegara allá arriba al final .

Y estando en un país privilegiado para ver el eclipse, disfrutemos de él. Buen agosto.
Patricia

Luis Pancorbo dijo...

Has encontrado, Patricia, una magnífica variante del cuento del escorpión y la rana, pero con la sutileza asturiana del péndulo final que a uno le cae encima. Te felicito por ir reocgiendo tantos filones de historias, cuentos y antropologías, sobre una tierra donde la imaginación nunca faltó. Como tampoco la razón. Y de ese choque mana un venero también literario. En cierto modo Alicia podía ser perfectamente de Luarca, pongamos. Para eso estais en la franja total del eclipse. qué más se puede pedir. Pues que no esté nublado el atardecer. Guardo un gran recuerdo del eclipse que fuimos a filmar en Zambia en 2001, el primero total de este siglo y milenio. Nos situamos en el Bajo Zambezi. Pero la mayor suerte fue que se produjera tras el mediodía. El que viene el 12, incluso con nuestro horario, a las ocho de la noche, en realidad es aún hora de mucho sol, así que hay un buen margen para ver el proceso de lpasaje de la luz a la tiniebla y luego a la luz. Como corresponde a nuestros buenos astros, que saben estar en su sitio.
Felicidades y un abrazo
L.