Con el
verano declinando algo no es contraproducente recordar el cuento de Aladino
y la lámpara maravillosa. Contar con los sueños siempre es un alivio. Realmente
Aladino vivía en China. Mientras que el derviche hechicero que le quiere quitar
la lámpara era del Magreb, el Extremo Poniente del mundo respecto al viejo Extremo
Oriente. El cuento de Aladino sigue teniendo varias lecturas. ¿De qué
nacionalidad era el genio (djiin) que sale de la lámpara y realiza todos
los deseos? Más que saber eso importa que la lámpara de aceite igual tenía una
inscripción. Y se ha especulado con que podía tratarse de un Sello de Salomón. Hubo
eruditos que coligieron que ese Sello salomónico era el punto donde había que
frotar la lámpara para que saliera el genio y concediera todo. Hoy, cuando arde
bastante el mundo, y el petróleo, y hasta se derriten los glaciares, no estaría
mal encontrar una lámpara de Aladino para arreglar las cosas. No tanto para pedir
palacios, sino chabolas, pero un poco decentes para tanta población como hay en
el mundo. Y maravilla sería arreglar en nuestros pagos las sucesivas crisis
geopolíticas, climáticas y demás. La cuestión es que las crisis van más deprisa
que la inteligencia y capacidad humanas. Y la IA se resiste a salir gratis de
la lámpara.
martes, 1 de septiembre de 2026
UN MES DE ALADINO
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