martes, 1 de septiembre de 2026

UN MES DE ALADINO

Con el verano declinando algo no es contraproducente recordar el cuento de Aladino y la lámpara maravillosa. Contar con los sueños siempre es un alivio. Realmente Aladino vivía en China. Mientras que el derviche hechicero que le quiere quitar la lámpara era del Magreb, el Extremo Poniente del mundo respecto al viejo Extremo Oriente. El cuento de Aladino sigue teniendo varias lecturas. ¿De qué nacionalidad era el genio (djiin) que sale de la lámpara y realiza todos los deseos? Más que saber eso importa que la lámpara de aceite igual tenía una inscripción. Y se ha especulado con que podía tratarse de un Sello de Salomón. Hubo eruditos que coligieron que ese Sello salomónico era el punto donde había que frotar la lámpara para que saliera el genio y concediera todo. Hoy, cuando arde bastante el mundo, y el petróleo, y hasta se derriten los glaciares, no estaría mal encontrar una lámpara de Aladino para arreglar las cosas. No tanto para pedir palacios, sino chabolas, pero un poco decentes para tanta población como hay en el mundo. Y maravilla sería arreglar en nuestros pagos las sucesivas crisis geopolíticas, climáticas y demás. La cuestión es que las crisis van más deprisa que la inteligencia y capacidad humanas. Y la IA se resiste a salir gratis de la lámpara.  

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