Entramos en octubre, aunque el verano no ceja en extender su dominio sobre el calendario. Ese reino del calor se llama cambio climático, por supuesto. Pero los desajustes, o desastres, un incendio aquí, una manga marina allí, y más, son asumibles s según los que tienen la sartén de los combustibles fósiles por el mango. O eso. Más vale soñar con Simbad, el marino, el que navegó por los más procelosos mares, venció monstruos como las aves Roc (que podían volar con un elefante entre las garras), y que siempre regresaba vencedor y rico a Bagdad. Su Ítaca, mientras Ulises tardó en volver diez años de su Odisea más los otros diez que pasó guerreando en Troya. Pero Ulises lo tenía claro, le esperaba Penélope. Y a Simbad le esperaban sólo las fortunas, puras y duras, inacabables, de los siete mares. Simbad descubre incluso Serendib (Ceilán), la isla donde se encuentran las mayores y mejores sorpresas. Aunque Lucio Dalla despeja en su canción “Ítaca” el secreto de Ulises. Claro que tiene en sus ojos “el noble destino”, pero no piensa que sus marineros quieren “pan y vino”. Que todo es según y como.
www.luispancorbo.com
No hay comentarios:
Publicar un comentario