Entre pan y pan guerra, y petróleo que hay que consumir deprisa. El negocio del globo no puede ir al ralentí. Y hay que armar más bombas, que empiezan a escasear. Entretanto vivimos un mundo con ansia por hallar un capote de ideología. El negocio mundial se resiente, sobre todo para quienes tienen el asa y el saco del mismo, y eso parece necesitar arreglos drásticos. Así cobran ahora mismo preminencia quienes se postulan para rellenar el bache. Y se postulan para iluminar el camino de la victoria final: tener un orbe fluyente y obediente. Palantir se remanga para colmar el vacío. Es una empresa tecnológica puntera del Silicon Valley que ha cogido su nombre comercial de las “piedras videntes” que imaginó el novelista Tolkien, padre de “El Señor de los anillos”. Las palantir eran piedras capaces de volar, de escrutar el presente, y planear el futuro de otros territorios y países. Usando las palantir cualesquiera otros seres eran diagnosticados y liquidados. Con lo mismo Thiel, Karp, y otros directivos de Palantir, ofrecen irresistibles programas de super High Tech para analizar y tomar decisiones. No hay ejército que se precie que no quiera tener unas cuantas palantir en su arsenal. Además esa empresa acaba de publicar un Manifiesto de 22 Tesis Virales, no sólo ideológicas sino algo conminatorias. Lo importante no es elegir entre democracia y libertad sino en tener o no tener buenos sistemas operativos, y chips del mejor silicio, aparte de unas cuantas piedras videntes, aunque sean las que nos cuenten ya el mañana.
4 comentarios:
Puede que las perversiones de la historia nos exasperen. Más puede exasperarnos nuestra propia incapacidad para escapar a sus límites en este milenio. En Tristes trópicos podíamos leer: «… Frente a una sociedad aún viviente y fiel a su tradición, el choque es tan fuerte que desconcierta: en esa madeja de mil colores, ¿cuál es el hilo que hay que seguir y desenredar? ...» Tal vez, una de las cuestiones sea la del hilo que desenreda la madeja de la distopía.
Deleuze no solo se lo imaginó, sino que lo describió: «… No es preciso apelar a la ficción científica para concebir un mecanismo de control capaz de proporcionar a cada instante la posición de un elemento en un medio abierto, ya sea un animal dentro de una reserva o un hombre en una empresa (collarín electrónico). Félix Guattari imaginaba una ciudad en la que cada uno podía salir de su apartamento, de su casa o de su barrio gracias a su tarjeta electrónica (dividual) mediante la que iba levantando barreras; pero podría haber días u horas en los que la tarjeta fuera rechazada; lo que importa no es la barrera, sino el ordenador que señala la posición, lícita o ilícita, y produce una modulación universal…»
Frente a la sociedad del control descrita por Deleuze, unas palabras de Anna Tsing crean nuevos caminos: «…La esperanza es lo más importante cuando las cosas van mal en el mundo; frente a una casi cierta destrucción, la esperanza es el gramsciano optimismo de la voluntad. Tal esperanza “poco realista” empieza por considerar que pequeñísimas grietas pueden conseguir que se rompa la presa; las aperturas contingentes son, para bien o para mal, fuentes de fuerza inesperada…»
Pero en nuestra piel de toro, a la espera del calendario festivo veraniego, y en pleno puente, la corriente de la historia parece fluir en otro sentido.
Un saludo,
Benito Fernández
Buenas tardes:
Ser o no ser, esa es la cuestión que nos hacia pensar Hamlet, unos cuantos siglos después el debate parece centrarse en ese tener o tener, esa es la cuestión, en este nuestro mundo de apariencia y representación.
Escribía Susan Sontag acerca de el mundo de la imagen en su libro “Sobre la Fotografía”:
(...) de La esencia del cristianismo, Feuerbach señala que nuestra era, “prefiere la imagen a la cosa, la copia al original, la representación a la realidad, la apariencia al ser” -con toda conciencia de su predilección-. Y en este siglo XX, esta denuncia premonitoria se ha transformado en un diagnóstico con el cual concuerdan muchos: que una sociedad llega a ser “moderna” cuando una de sus actividades principales es producir y consumir imágenes, cuando las imágenes ejercen poderes extraordinarios en la determinación de lo que exigimos a la realidad y son en sí mismas ansiados sustitutos de las experiencias de primera mano, se hacen indispensables para la salud de la economía, la estabilidad de la política y la búsqueda de la felicidad privada. (...).
¿Adónde vamos en este siglo XXI? ¿A un mundo de realidad aumentada? ¿de realidad virtual?, y por que lo llamamos realidad sino es más que ficción, fantasía e ilusión. En fín, algo imaginado, más cercano a una ensoñación.
Y si iniciamos con Shakespeare, puede que, para ir finalizando, sea bueno recordar a Calderón y su célebre soliloquio “La vida es sueño”: (...) Yo sueño que estoy aquí, destas prisiones cargado; y soñé que, en otro estado, más lisonjero me vi. ¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.
En este mundo de espejos, puede que encontremos cualquier día a nuestra Alicia, en un maravilloso país de la tecnología, mientras, nos centraremos en nuestros propios sueños, eso sí, sin dejar de tener los pies pegados a la realidad.
Un saludo.
Patricia
Así es, Benito.Nos lo vienen diciendo los maestros: el atraco se ha consumado. Nos queda la rememoración. Deleuze explicó perfectamente qué es la geolocalización del individuo. Y no sólo dónde está, sino lo que piensa. Y Guattari incide en lo mismo: habrá o hay tarjetas o chips que esclaezcan el pensamiento del ser humano en relación con las normas vigentes del poder de turno. Por eso también se teme a Palantir, empresa líder en IA y en aplicarla no a lo que va a venir sino a lo que ya ha venido. Hau un desfase. Nosotros seguimos creyendo que todo se divide en pasado, presenre y futuro. Y de repente en Estados Unidos ya se puede coger un robot-taxi. Lo de menos es adonde ir. Ya estamos en eso. Un abrazo
L.
Nuestro país también es el sueño. El sueño de Calderón que tan oportunamente rescatas, Patricia. Depende aún de individos, culturas, y hasta rentas, pero buena parte de nuestra existencia (vida en tiempos de Calderón) está modulada por el tejido de los ordenadores, móviles, televisores y demás. Algunos lo saben y se desenganchan algo de ese fluido ambiental. Pero el personal en general quiere más, teme, si no, quedarse atrás, o ser menos feliz fuera del torbellino. Calderón captó muy bien la masiva presencia y consistencia de los sueños. La IA le está ya dando la raqzón. Pero ya hubo una viajera lúcida al mundo de los sueños, Alicia, y no perdió su poder de preguntar hasta dónde llegaba la realidad y emezaba el nonsense. Ella estaba perpleja en el País de las Maravillas pero no perdía el sentido.
Un abrazo
L.
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