miércoles, 1 de abril de 2026

Y LLOVIÓ LA GUERRA

  Acabo de volver de Siria y Jordania, países ambos cerca de la guerra, aunque no bajo las bombas. Esperando que así sigan, y que vuelva la cordura, me he acordado del maestro Nasrudin Hodja, aquel viejo sufí que decía: “Después de todo, el límite de llenar es el de reventar”. ¿Qué es una guerra, grande o chica, sino un negocio para los que la impulsan? Si no fuera un negocio los que tienen los botones no estarían tan interesados realmente en poner en peligro algo de su business, y quizá su familia, su tranquilidad, etc… Pero el que decide hacer o no hacer guerras, y menos del calado de la actual, no tiene otro límite que el de llenar, olvidándose que así también él, o ellos, pueden explotar como la rana del clásico cuento. En fin, reflexiones de entretiempo, es decir, de un mes que está a caballo entre el llover y el no llover de abril, y entre el titubeante desorden y el nuevo orden inextricable que nos espera. Algunos se supone que ya saben el desenlace de estos dispendios de explosivos que llueven en Oriente Medio, pero los demás seguimos dudando de si ahora será suficiente sacar el paraguas o quedarse en casa.

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