Y así se va el año de la riada. Fellini contó a su modo el mundo en su película E la nave va (1983). Esa nave simboliza, entre otras cosas, una Europa a punto de naufragar en puertas de la Primera Guerra Mundial. Es pura poesía visual, ironía, y ópera con pasajes presagiosos, como lo que canta Banco: “Oh qual orrenda nottte” del Macbeth de Verdi. Vaya villancico. Salen en el film aristócratas melancólicos del Imperio Austrohúngaro (muletilla u obsesión de Berlanga). Esa vieja casta va a hundirse, pero al final sobrevive en una chalupa. También escapan los balcánicos que van a bordo, pobres y hasta revolucionarios. Otra vez ricos y pobres compartiendo el abismo a la fuerza. Ahora suenan también campanas de guerra, con drones y misiles limpios. Algunos avisan de que si hay una tercera guerra mundial ya no habrá una cuarta. Pero no hay que desanimarse: España produce turrón no sólo riadas legendarias. Siempre hay una luz, aunque no sea la de la película de Fellini. La última escena es la del periodista Orlando, superviviente a todo, y remando en una barca en medo del mar vacío. Orlando mira a cámara y dice; ¿Sabíais que el rinoceronte da una óptima leche?”. Fellini nunca quiso explicarlo.
jueves, 5 de diciembre de 2024
viernes, 8 de noviembre de 2024
EL MANTO ROJO
Un terrible
manto de barro sigue cubriendo la tragedia de Valencia. La culpa es del cielo. Este lunes 11 de
noviembre empieza el verano de San Martino, “cuando todo mosto se convierte en
vino”, como dicen en Italia. Martin de Tours era un soldado romano en la Galia
que partió su capa con la espada para que se resguardara un mendigo de una gran
lluvia. El milagro fue que así paró el temporal y desde entonces, envuelto en
los pliegues del clima, se celebra esta vuelta atrás del tiempo. Un indian
summer, en otros sitios. En Dinamarca
eso es más difícil, pero ese país acaba de devolver a Brasil el fabuloso manto
rojo de los indios tupinambás. Es una restitución,
y no de justicia poética. Se trata de una importante pieza ritual que fue sacado
de Brasil hacia Portugal y acabó en el Museo Nacional de Dinamarca. Un viaje
colonial y crematístico de hace medio milenio. La capa está hecha con cuatro
mil plumas de ibis escarlatas. Al
recibirlo Lula, el presidente brasileño, en el Museo Nacional de Río de
Janeiro, lo ha dicho: “Para nosotros es una obra de arte. Para los tupinambás
es una entidad”. Valores que a veces, por fortuna, se rescatan de la riada de
los tiempos.
jueves, 17 de octubre de 2024
INVOLUCIÓN, EVOLUCIÓN
Se diría que
nuestro tiempo es más de involución. Al menos involucionamos con las dos
guerras abiertas en el planeta. Y con ese irrefrenable deseo de emigrar y mejorar
que tiene buena parte del mundo sumido hace siglos en las diversas escalas de
la pobreza y la desigualdad. ¿Cómo osan molestarnos? ¿No ven, como Elon Musk, y
algún que otro líder mundial, que vamos hacia las estrellas?
Un
arqueólogo de Cambridge, que trabaja desde hace años en las excavaciones de
Oued Beht, vuelve a poner un punto de esperanza, aunque sea retrocediendo cinco
mil años. En ese rincón del Atlas Medio marroquí florecía una sociedad agrícola
y ganadera, cuya existencia nadie preveía. ¿Un vergel en el Neolítico? ¿Y en un
lugar de África tan lejos del Nilo? Lo que aún no se sabe es a quién adoraban
allí y cómo se regían.
sábado, 14 de septiembre de 2024
EL HADO INHUNDIBLE O EL "BAYESIAN"
El “Bayesian” era un barco inhundible. Pero se hundió en una exhalación el 19 de agosto en la bahía siciliana de Porticello. Murieron 7 de las 22 personas embarcadas y se fueron a pique los 30 millones de euros que costó el yate. Una manga marina lo succionó, si no fue una tromba o un tornado, y allá fue el velero exclusivo fabricado por la Perini Navi, y propiedad de Mike Lynch, “el Bill Gates” británico”. Su mástil sólo medía 75 metros y recordaba una nueva Torre de Babel para hablar con el dios de las tormentas. Pero ese tono necesita un Joseph Conrad, el que pintaba al tifón como si fuese una criatura casi humana. En teoría el “Bayesian” era inhundible y que acabara a 50 metros de profundidad en tan pocos minutos da que pensar a los especialistas y a los aficionados. Grandes fortunas iban de crucero para celebrar que Lynch hubiese sido absuelto en San Francisco de una causa por fraude que había durado doce años. Lynch había salvado por fin sus empresas informáticas y demás, y su patrimonio de en torno a los 800 millones de esterlinas. A sus 59 años, y declarado inocente, otra vez era el rey del “Bayesian” que por algo le cambió su nombre anterior de “Salute”. Lynch era de Cambridge, un empresario que sabía navegar en las fronteras cibernéticas y en esos aprendizajes que van conduciendo a una nueva antropología sin confines claros. Pero en lo personal Lynch también se agarraba a las interpretaciones de probabilidad que le fuesen favorables. Pensando además que amasar dinero no es incompatible con el conocimiento. El ya estaba en el reconocimiento digital, en la inteligencia artificial, y seguro que los diversos gobiernos estaban escrutando sus movimientos. También era el amo en el uso de las estadísticas bayesianas y sus derivaciones en el tema de la probabilidad. Morir para él era cero de probable. Ahogarse menos que cero.
sábado, 3 de agosto de 2024
UN VIAJE A LAS PERSEIDAS
El cielo. con sus maravillas y extensiones, no hace siempre más que empezar. Urano, parte del sistema solar, anda a 2.723 millones de kilómetros de la Tierra. Como diría el profesor Otto Lidenbrock en “Viaje al centro de la Tierra”, de Julio Verne, no prestamos la debida atención a lo que tenemos debajo. El mero centro de la Tierra apenas dista 6.271 kilómetros de nuestras suelas. Es casi la distancia que hay entre Madrid y Puerto Rico. Otra cosa es que el espacio sea más abordable. Y toda una inversión para negociantes visionarios como Elon Musk. El centro de la Tierra tiene temperaturas inasumibles mientras los minerales de la Luna, Marte y… sólo están esperando a que alguien los rebañe. Nosotros en agosto propendemos por la conquista personal de las Perseidas, o Lágrimas de San Lorenzo. Son esa abundante cosecha de estrellas fugaces que sólo cuesta abrir los ojos en la noche y hacer un viaje, que no será tan azaroso como el de Verne. Tampoco se necesita entrar por el volcán islandés Snefells y salir por el italiano Stromboli. Pero ir con nuestros ojos a las Perseidas refresca la imaginación, pese a la carga de injusticias, desigualdades, y algunas esperanzas, que se han ido pegando a la Antropología terráquea.
domingo, 7 de julio de 2024
SIETE DE JULIO GULLIVER
El cambio al
que asistimos en este mundo más parece una remodelación a gran escala. Cambian
muchos parámetros en una era que ya es digital aparte de planetaria. Cambian rápido alianzas, gobiernos y bloques, y
de momento no saben remediar los grandes agujeros de la desigualdad ni del
propio clima. Está claro, al menos, que sube el calor en los mares y en las
mentes. El señor Gulliver, el viajero de la novela de Swift era lúcido, osado,
y al tiempo muy templado. Hace ya trescientos años que Gulliver encontró a los liliputienses
y a los gigantes. Allí y en más sitios Gulliver notó que la naturaleza humana
no es tan diversa como parecería a simple vista. La codicia, la tiranía, la
simulación, la envidia, nunca fallaba la vieja retahíla. La vieja sátira
triste. Sólo al final Gulliver encontró, allá por la Nueva Holanda -Australia- la isla donde vivían los houyhnhnm, caballos
de más fino raciocinio que los yahoo, los hombres. Los humanos eran los siervos
y los caballos los amos, pero destacando como los seres más ecuánimes que nunca
vio Gulliver en sus viajes. Allí, y con ellos, Gulliver cargó sus baterías de
esperanza, algo más escaso que el litio.