Acabo de
volver de Siria y Jordania, países ambos cerca de la guerra, aunque no bajo las
bombas. Esperando que así sigan, y que vuelva la cordura, me he acordado del
maestro Nasrudin Hodja, aquel viejo sufí que decía: “Después de todo, el límite
de llenar es el de reventar”. ¿Qué es una guerra, grande o chica, sino un
negocio para los que la impulsan? Si no fuera un negocio los que tienen los botones
no estarían tan interesados realmente en poner en peligro algo de su business,
y quizá su familia, su tranquilidad, etc… Pero el que decide hacer o no hacer
guerras, y menos del calado de la actual, no tiene otro límite que el de
llenar, olvidándose que así también él, o ellos, pueden explotar como la rana
del clásico cuento. En fin, reflexiones de entretiempo, es decir, de un mes que
está a caballo entre el llover y el no llover de abril, y entre el titubeante desorden
y el nuevo orden inextricable que nos espera. Algunos se supone que ya saben el
desenlace de estos dispendios de explosivos que llueven en Oriente Medio, pero
los demás seguimos dudando de si ahora será suficiente sacar el paraguas o
quedarse en casa.
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