miércoles, 8 de diciembre de 2021

LA CARA OCULTA DE QUÉ

 Mientras avanza el Omicrón los chinos exploran la cara oculta de la Luna. Y dicen que han encontrado una cosa que parece una casa.

Es un alivio que la gente mire al cielo aunque no vea nada claro. La cara oculta de la luna es una evidencia exasperante dado que nuestro satélite gira en torno a sí mismo y al mismo tiempo orbita en torno a la Tierra. No hay manera de ver las liberes o lo que haya en su oculta superficie. Pero para cara oculta España tampoco va mal.  Son más los secretos que las transparencias que adornaron la transición de la dictadura a la monarquía, del golpe de Estado al no golpe de Estado, de las amplitudes de la Constitución cuasi-federal y super-social a las estrecheces del momento. Y la lucha por el poder restante. Uno mira una noche a la Luna y nunca logra ver nada en su otro lado. Tal vez en este próximo solsticio se aclare algo.

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4 comentarios:

PF dijo...

Buenas tardes,

Puede que tengamos que tomarlo como pura ironía, que cuando gran parte de nuestro planeta vive en el umbral de la pobreza, atraviese mares para huir de la miseria y acabe encontrándose en un campo de refugiados, pues bien, aparezca algo que parece una casa en nuestro satélite, no sé, que será lo próximo, ¿un centro comercial? ...decía García Lorca que podría demostrar que una noche de luna de hace cien años, era idéntica y distinta de la misma manera y con el mismo acento de verdad indiscutible que una noche de hace diez días. Ahora el problema es que posiblemente una noche de luna de dentro de cien años, será igual a una de dentro de diez días, demos tiempo a que la globalización llegué también al astro.

Nuestro País, adornado casi siempre de hidalguía, de nobleza sin título, de contrastes, de riqueza y pobreza, de capa y harapos, de austero y tragón... Aunque ya advirtió Concepción Arenal en su poema “El sobrio y el glotón”.

Había en un lugarón
dos hombres de mucha edad,
uno de gran sobriedad
y el otro gran comilón.
La mejor salud del mundo
gozaba siempre el primero,
estando de enero a enero
débil y enteco el segundo.
— ¿Por qué — el tragón dijo un día — ,
comiendo yo mucho más
tú mucho más gordo estás?
No lo comprendo, a fe mía.
— Es — le replicó el frugal —
y muy presente lo ten,
porque yo digiero bien,
porque tú digieres mal.
Haga de esto aplicación
el pedante presumido
si porque mucho ha leído
cree tener instrucción,
y siempre que a juzgar fuere
la regla para sí tome:
No nutre lo que se come,
sino lo que se digiere
.

Muchas subidas habrá que digerir como todo fin y principio de año, sólo cabe esperar que las estrellas como a los Reyes, pero los Magos, nos iluminen algo el camino, para no acabar en esa aparente oscuridad de la cara oculta de la luna.

Buena salida y entrada de años, un saludo.
Patricia

B Fernandez dijo...

Tal vez nuestros mundos se estén extinguiendo, o tal vez ya estén extinguidos. Lo peor en todo caso, es que no nos hemos dado cuenta. ¿Por qué perder el tiempo en la cara oculta de la Luna? ¿Por qué perder el tiempo en cosas mágicas? ¿Por qué perder el tiempo? Tal vez la respuesta este en que precisamente son eso falsas, irreales, mágicas, … Todo lo contrario, a esos mundos tecnológicos guiados por los nuevos conceptos, ideas y metalenguajes de extrema optimización temporal.

En Cultura y razón práctica, Marshall Sahlins apunta ciertos aspectos: "... Ninguna forma cultural puede ser leída a partir de un conjunto de ‘fuerzas materiales’, como si lo cultural fuese la variable dependiente de una ineludible lógica práctica... Esto no supone que debamos adoptar una explicación idealista, y entender que la cultura camina por la sutil atmósfera de los símbolos... La forma misma de la existencia social de la fuerza material es determinada por su integración al sistema... Las fuerzas materiales, tomadas en sí mismas, carecen de vida. Sus movimientos específicos y sus consecuencias precisas sólo pueden ser estipulados si se los combina progresivamente y con las coordenadas del orden cultural..."

Unos pocos al bollo y muchos otros casi sin migajas, aunque se extinga todo. Eppur si muove.

Como diría Hölderlin, ¿qué sería la vida sin esperanza? Una chispa que salta del carbón y se extingue, o como cuando se escucha en la estación desapacible una ráfaga de viento que silba un instante y luego se calma, ¿eso seríamos nosotros?

Un saludo,
Benito Fernández

Luis Pancorbo dijo...

Qué bien suena -gracias, Patricia- el poema de Concepción Arenal. Me gusta mucho ese quiebro de lo ten en vez de tenlo... Y por supuesto digerir es vivir. De hecho, estas fiestas están diseñadas para sobrevivir a una sobrecarga de mazapanes y demás.
También estaría bien que nos hicieran la merced de la transparencia, hija pobre de la democracia, pero con todos sus derechos y belleza, aunque aquí seamos mucho de ir a buscar percebes a la cara oculta de la Luna, reino de las varias oligarquías que alimentamos, pero que nunca se sacian.
Muchas felicidades y abrazos
L.

Luis Pancorbo dijo...

En fin, Benito, tienes el don de ir y volver al punto inextricable. La cultura humana, o mejor, las culturas humanas, tienen aparejados signos, símbolos, aspectos existentes (como la cara lunar oculta), que no siempre son susceptibles de ser medidos con las mismas báscuas donde la razón pesa la materia.
Eppur... ese mundo de chispas, como las de Hölderlin que nos traes, enseguida se desvanecen pero han existido, incluso nos han golpeado en algún lugar de nuestro cerebro, incluso en eso que algunos llaman conciencia.
Vaya descubrimiento, dirás: a este paso hasta los robots y los próximos ordenadores van a disponer de conciencia propia, y tomarán decisiones al margen de sus antiguos creadores.
Tienes razón en lo de dejar caer, como el que no quiere la cosa,que a lo mejor todo está extinguido y lo que vivimos es el reflejo. De hecho, Platón lo veía así. Y los hinduistas con su maya, y los cuánticos con sus canciones que a veces nos negamos a escuchar.
A uno le precen más saludables que himnos, villancicicos, y perreos que se muerden la cola sin remedio.
Gracias por haernos pensar, cosa que ya sabes que no se estila en el tiempo del turrón blando y en el que viene después, el del turrón duro.
El abrazo
L.