lunes, 2 de marzo de 2026

EL TORO BLANCO

Este marzo empieza a bombazos en el Golfo Pérsico. No está tan lejos considerando que el mundo ya es un pañuelo de catástrofes y alguna que otra esperanza. Aquí, desde febrero, ya están los almendros en flor, empeñados en lo suyo que es desafiar al clima. Eso no es lo único errante que vivimos. También ahora y siempre es un tiempo propicio para blanquear mitos. Desde Lévi-Strauss sabemos que los mitos se pueden resolver. La razón antropológica nos ayuda. Otra cosa son los especuladores de mitos, los que viven de ellos. En Laos tienen clara, a nivel religioso y antaño dinástico, la divinidad del elefante blanco. Aquí nos conviene más el mito del toro blanco, no tanto por ser obviamente un toro sobrenatural, sino por su color inmaculado. Nada que ver con las supercherías del albinismo, tan nocivas en África. Nuestro toro blanco es la encarnación que adoptó Zeus en su gran hazaña, el rapto de Europa. Europa no era europea, sino una princesa fenicia, pero eso conviene mejor a nuestro continente que sigue mirando al mundo con pavor. ¿Cuánto nos va costar ahora el petróleo? Y así la Europa raptada asiste como en un sueño al gran desconcierto internacional.

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